ROPA DE SEGUNDA, para fashionistas conscientes 

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a conciencia verde, la nostalgia por el pasado y la necesidad de diferenciarse están potenciando el mercado de la ropa de segunda mano. 

Comprar y vender ropa de segunda son actividades que toman cada vez más fuerza en nuestro país, especialmente en línea o en tiendas donde puedes llevar tu vestido de gala y alquilarlo infinitas veces, pero siempre será tuyo. A los tradicionales ropavejeros se les han sumado iniciativas como plataformas exclusivas, apps, tiendas de ropa vintage y espacios en redes sociales. Según Marcela Monge, magíster en Comportamiento del consumidor y propietaria de la tienda virtual de prendas de segunda, Muda, hay varias razones por las que este mercado se ha fortalecido:

Consumidores conscientes: la industria del fast fashion ha hecho que los desechos de ropa se multipliquen; según Green Peace, en el mundo se producen 80.000 millones de toneladas de ropa al año, de los cuales se desecha un alto porcentaje, en países como Alemania la cifra alcanza el millón de prendas al año. Los consumidores de hoy buscan mitigar este impacto y una buena estrategia es reutilizar prendas.

 

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Nostalgia por el pasado: este sentimiento se manifiesta en el uso de prendas vintage y las tiendas de segunda son un espacio ideal para encontrarlas, comprarlas y, en algunos casos, customizarlas para darles un aire más cool o moderno.

Necesidad de diferenciarse: los amantes del estilo, normalmente quieren diferenciarse con piezas que comuniquen su visión de la moda y los hagan sentir únicos. Para ellos el precio no es lo más importante, buscan calidad y atemporalidad. En las tiendas de segunda mano este tipo de compradores pueden hallar tesoros de diferentes épocas.

La evolución del mercado de ropa de segunda también ha integrado el lujo. De acuerdo con la propietaria de Muda, los vestidos de fiesta y de novia y las carteras y zapatos de diseñador son muy apetecidos. Así se derriban los paradigmas que han acompañado a estos negocios por años: ni ropa sucia, de caridad y tampoco pasada de moda.

 

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  • Muda, larga vida al estilo: por medio de una página de Facebook, Marcela Monge selecciona las prendas cuidando que estén en perfecto estado y les asigna un valor que puede ser hasta 70% de su precio original. Cada artículo va acompañado de una pequeña historia que cuenta de dónde viene.
  • La experiencia Nasty Gal: Sophia Amoruso es uno de los referentes de este tipo de negocios. Su sitio web de ropa de segunda alcanzó un patrimonio de USD280 millones. El año pasado la empresa se declaró en bancarrota, pero eso no impidió que su fama siguiera creciendo, Amoruso publicó el libro #GirlBoss en el que Netflix se basó para hacer una serie.
  • The Vintage Showroom: esta iniciativa londinense tiene dos espacios, uno que funciona como almacén y otros como showroom donde se pueden comprar o alquilar prendas haciendo una cita previa. El lugar está dedicado principalmente a ropa masculina de principios y mediados del siglo XX.
  • Trendier: Solamente tienes que crear tu perfil para unirte a las miles de mujeres que compran y venden sus prendas.

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