Suscribete a nuestra comunidad y recibe los últimos articulos de cultura de moda Fashion Radicals ¡directo a tú inbox!

ESCALONA un canto, un icono, una moda

By Posted on 0 No tags 0

Vestir una canción: Escalona entre la moda, la música y la memoria colombiana

Texto: Caty Villota. Fotografía y arte: Valeria Quintero. Styling: Camila Ortiz. Sombreros: Astura Hats. Trajes: La Petite Mort + Alado. Maquillaje: Laura Mejía. Modelo: Artur- Row Management . Locación : Casa Pulpo producciones.

Hay personajes que pertenecen a una época y otros que terminan convirtiéndose en una manera de contar el país. Rafael Escalona pertenece a los segundos.

Cien años después de su nacimiento, volver sobre su imagen es escuchar de nuevo sus canciones, su geografía, sus personajes y su forma de hablar, cantar, escribir. Pero sobre todo, a una manera de transformar la vida cotidiana en relato. Por supuesto, la música fue literatura oral: sus canciones conservaron nombres, paisajes, amores, amistades, rumores y acontecimientos hasta construir una suerte de archivo sentimental del Caribe colombiano.

La propuesta de la fotógrafa VQ Dangond parte precisamente de esa posibilidad: ¿qué ocurre cuando ese archivo musical deja momentáneamente el acordeón y pasa por la ropa?

Un hombre convertido en personaje

En las fotografías hay sombreros, plumas, trajes de tonos tierra, camisas blancas, tejidos a rayas, botas imaginadas incluso cuando no aparecen en el encuadre. También hay un gallo, una flor, objetos deliberadamente artesanales y una puesta en escena que parece desplazarse entre el retrato de estudio, el teatro y el álbum familiar.

El árbol de mango del patio de los Escalona en la esquina del barrio Loperena le había dejado caer parte de su cosecha sobre el capó de la reluciente camioneta Internacional que Rafael la bautizó “María la Bandida”. Así conocí a Rafael, refunfuñando mientras limpiaba el carro con pinta de pistolero del lejano oeste: sombrero, botas y al cinto una canana de cuero de la cual colgaba un Colt “Caballo Doble Lanza”.

Ese, el hombre lleno de lunas y atardeceres que lo vieron crecer en su tierra Patillal, un lugar soñado, donde los arcoíris besan por las tardes la sabana y en las noches se reflejan amores sobre las arenas blancas de La Malena. Un villorrio lleno de historias que marcaron profundamente la creatividad del bardo, el que hilvanó y cambió con metáforas sencillas el verso que le dio una impronta diferente a la narrativa del canto vallenato tradicional, al que escuchaba en los villorrios y caminos polvorientos que recorrían nuestros juglares, transformándolo en un lenguaje maravilloso.

Escalona es universal, con su sapiencia dejó dogmas inmortales en la lírica, porque penetró en la psicología humana de ciertos personajes que volvió símbolos que sirven como arquetipos para conocer las agonías y tristezas del ser humano.

¡Escalona único!

Texto: Efrain Quintero Molina

El texto que acompaña el proyecto recuerda precisamente una imagen de Escalona que parece escrita para convertirse en vestuario: Rafael limpiando su camioneta, “María la Bandida”, vestido con apariencia de personaje del lejano oeste, sombrero, botas y canana. Pero enseguida ese hombre casi cinematográfico vuelve a Patillal, a “lunas y atardeceres”, sabanas, caminos y pequeñas historias que posteriormente alimentarían su universo creativo.

Porque Escalona hizo con quienes conoció algo muy parecido a lo que hace la moda cuando construye un arquetipo: observó un gesto particular, una personalidad, una manera de vivir y la convirtió en signo.

El documento que acompaña esta editorial lo formula de otra manera al señalar que el compositor penetró en la psicología de ciertos personajes hasta transformarlos en símbolos capaces de hablar de las agonías y tristezas humanas.

Tal vez allí empieza realmente esta conversación entre música y moda.

La ropa también puede contar

Solemos pensar el patrimonio como aquello que debemos conservar intacto: una casa, una fotografía, una partitura, un manuscrito detrás de un vidrio. Pero el patrimonio cultural permanece vivo precisamente porque alguien vuelve a interpretarlo.

Una canción sobrevive cuando otra generación la canta. Una historia, cuando alguien vuelve a contarla. Una estética, cuando puede entrar nuevamente en circulación sin convertirse en disfraz.

En estas imágenes, el traje masculino funciona como territorio narrativo.

La sastrería marrón remite al paisaje seco y a una masculinidad caribeña alejada de la exuberancia tropical más evidente. Las camisas blancas introducen una limpieza casi ceremonial. Los beige, tabacos, terracotas y ocres parecen extraídos de tierra y caminos. El sombrero deja de ser complemento para convertirse en signo cultural.

Y después están las plumas.

Aparecen sobre el sombrero y terminan descendiendo hasta el cuello, donde sustituyen la corbata tradicional. Ese pequeño desplazamiento contiene buena parte de la operación creativa de la propuesta: tomar el código clásico de la indumentaria masculina y permitir que algo procedente del paisaje lo altere.

La naturaleza entra literalmente en la sastrería.

Lo mismo ocurre con la corbata estampada, multiplicada alrededor del cuello hasta adquirir una cualidad casi serpenteante. Ya no cumple únicamente su función convencional: se vuelve línea, movimiento y ornamento.

El gallo, la flor, la pluma

Hay además algo deliciosamente extraño en esta editorial. Un hombre impecablemente vestido sostiene un gallo pintado. En otra fotografía, una flor amarilla aparece casi desproporcionada sobre su cuerpo.

Son objetos que podrían pertenecer a la escenografía de una obra teatral, a la ilustración de un libro infantil o a uno de esos recuerdos donde la realidad, después de muchos años, comienza a confundirse con la imaginación. Y justamente por eso funcionan.

compartir

Sin comentarios aún.

¿Qué piensas acerca de esto?