La moda latinoamericana hace tiempo dejó de ser una sucesión de colecciones aisladas para convertirse en un lenguaje que traduce cansancios y cicatrices. En un continente atravesado por recesiones, violencias e incendios políticos, la imagen del cuerpo comienza a reflejar el desgaste de quien vive una crisis prolongada.
La sostenibilidad dentro de la industria de la moda colombiana dejó de percibirse como un valor diferencial o una estrategia reputacional. Actualmente se consolida como una exigencia comercial, regulatoria y de consumo que obliga a las marcas a replantear sus procesos productivos,
Luego de siete años alejada del formato de pasarela tradicional, la diseñadora caleña Renata Lozano fue la elegida para inaugurar Colombiamoda Miami 2026. Con el apoyo de la Cámara de Comercio de Cali, Lozano presentó una propuesta que refleja la madurez y la evolución estética y empresarial de su marca.
En la industria de la moda actual, la pregunta ya no es si el leisurewear y el sportswear siguen siendo relevantes, sino cómo han evolucionado para sostener su reinado. Lo que alguna vez fue una respuesta transitoria a la búsqueda de comodidad, hoy se erige como el uniforme oficial de un consumidor que exige mucho más que estética.
El comercio físico lleva años buscando su salvavidas frente a la digitalización, y la palabra «experiencia» se ha convertido en el mantra indiscutible de la industria. Sin embargo, pasar de la teoría a la práctica requiere chequeras abultadas y estrategias milimétricas. El más reciente caso de estudio en el país llega de la mano de Grupo Pash,