Educar a los seres humanos en la creatividad siempre será una labor cuántica. Cada estudiante de diseño que pasa por la Colegiatura es un espacio vacío, conformado por ondas de energía unidas por fuerzas de atracción.





Asistir a la puesta en escena de Jóvenes Creadores de la Colegiatura siempre ha sido para mí una especie de ventana al concepto científico de las líneas del tiempo paralelas. Pienso que cada estudiante es una partícula que existe en una superposición de estados: está en múltiples opciones a la vez, como ondas de probabilidad.
El dilema surge cuando miro la partícula —el estudiante— y esta “elige” una sola opción.







Y es entonces cuando, al ver los trabajos de estos jóvenes, el universo entero —diría Hugh Everett— se divide o se ramifica. Todas las opciones físicas posibles ocurren simultáneamente, pero en realidades separadas. No sé cuál de esas realidades será su futuro, cuál será su línea de tiempo visible, cuál será la expansión de su onda creativa. Pero no estoy pensando en que cada uno de ellos tenga múltiples universos separados flotando en el espacio. Lo que creo que evidencia —según la interpretación cuántica— es una sola realidad (la de ser diseñador) con muchas variables posibles.

Y quizá ahí reside el verdadero sentido de educar. La Colegiatura no escribe la ecuación. Tampoco determina el resultado. Lo que hace es crear las condiciones para que una de las múltiples posibilidades creativas de cada estudiante encuentre la suficiente coherencia como para hacerse visible.
Por ejemplo, Coexistir, de Maximiliano Arias, es una de las posibilidades que estaban contenidas en la ecuación de su propio ser. Su decisión de crear siluetas tipo globo a partir de un solo molde y desarrollar texturas mediante estampado artesanal con pintura para tela no altera esa ecuación; simplemente hace visible una de las múltiples soluciones que esta admitía.


Y así pasó con Liminal, de Francesca Arcieri, y sus siluetas, cortes, paneles de color, costuras y bolsillos con fuelle. Con Cuerpo Investido, de Daniel Cataño, y el uso de materiales reutilizados mediante técnicas de trenzado, superposición y costura a mano. Con La casa vacía, de Louie Cuervo, y la deconstrucción del traje tradicional desde el patronaje, el bordado a doble hilo en máquina plana y el teñido manual. O con la egresada Adriana Celis y su Spring Up, donde la espiral ascendente y una sola conciencia que se expresa en diferentes entidades toman forma mediante textiles inteligentes y moldería anatómica.


En resumen, así como para la física cuántica más radical nosotros, atrapados dentro de una de las ramas posibles, experimentamos esa matemática como el fluir del tiempo y la existencia de la materia, siempre hay algo en el performance de Jóvenes Creadores que me da la ilusión de ver esas ondas de energía unidas por fuerzas de atracción antes de convertirse en una trayectoria visible.
La pasarela no revela quiénes son estos diseñadores. Revela cuál de todas sus posibilidades decidió, por ahora, tomar forma.
Y entonces reflexioné por qué estaba vestida de Camilo Álvarez, un egresado creador de la Colegiatura, el día de ayer viendo la pasarela de Jóvenes Creadores 2026. Quizá porque quería vestir una de las posibilidades que, hace unos años, también empezó a hacerse visible.





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