Cocinar es pensar: cuando el menú se vuelve manifiesto
Por primera vez, la carrera de Gastronomía y Cocina Profesional de COLEGIATURA entró al laboratorio creativo Jóvenes Creadores con una premisa tan filosófica como apetecible: traducir Inteligencia Consciencia al lenguaje de los sabores. Nueve estudiantes asumieron el reto de diseñar un menú completo para medios —periodistas, creadores digitales, aliados— que fue mucho más que servicio: una experiencia sensorial y un statement sobre cocinar como acto de pensamiento, identidad y cuidado.
Del laboratorio a la mesa: metodología viva
Nada aquí fue improvisado. El proceso se construyó con metodología colaborativa e interdisciplinar, diálogo guiado, lluvias de ideas, acompañamiento docente y ejercicios de visualización creativa. Incluso la inteligencia artificial entró a la cocina como brújula estética: generó visuales que inspiraron formas, capas y composiciones. Resultado: nueve traducciones culinarias de un mismo concepto, cada una con su propio acento material y emocional.
Inteligencia y consciencia, versión Colombia
Aterrizar la abstracción al territorio fue la decisión clave.
- Frutas colombianas —mango, lulo, uchuva, tamarindo— encarnaron la inteligencia: nutrición consciente, energía vital, expansión del cuerpo a través de la comida.
- Hierbas de azotea —limonaria, poleo, hierbabuena—, medicina cotidiana en zonas como el Pacífico, simbolizaron la consciencia: cuidado espiritual, emocionalidad, sanación y la cuerda que nos ata a lo ancestral.
Así, cada plato nutría y, a la vez, narraba: no solo alimentó cuerpos, propuso mundo.
Platos que piensan (y conmueven)
La carta-ensayo reunió texturas y temperaturas como si fueran signos. Ácidos que despiertan, amargos que recuerdan, dulces que reconcilian. Técnicas contemporáneas dialogando con memorias de azotea; montaje con propósito; porciones que invitan a comer con preguntas: ¿qué saberes activa un sorbo?, ¿qué cuida un aroma?, ¿qué memoria convoca una fruta?
Idea fuerza: cocinar como práctica de “InteligenciaConsciencia” integra lo técnico, lo emocional, lo ancestral y lo contemporáneo.
La pieza estrella: “Romper para Volver”
Entre las obras, brilló Romper para Volver, un souvenir comestible servido en totuma ancestral. El gesto es primero: el comensal debe romper una capa superior para descubrir lo oculto —metáfora del palimpsesto cultural y de la urgencia de trascender el pasado sin negarlo.
- Versión dulce: mousse de tamarindo + panna cotta de limonaria + crumble de vainilla.
- Versión salada: mousse de plátano + cilantro cimarrón.
Quebrar, mirar, probar: ritual de lectura en tres actos.
¿Por qué importa (más allá del evento)?
Porque la cocina también es lenguaje no verbal y archivo vivo de identidad. Esta propuesta muestra a una generación que entiende la creatividad como articulación de saberes —técnica, territorio, tecnología y memoria— y que usa la IA no para reemplazar, sino para imaginar. En tiempos de ruido, comer con consciencia es un acto político.
Datos rápidos (para prensa y públicos curiosos)
- Proyecto: Jóvenes Creadores – COLEGIATURA
- Carrera: Gastronomía y Cocina Profesional
- Concepto eje: InteligenciaConsciencia
- Participantes: 9 estudiantes (menú integral para evento de medios)
- Ejes simbólicos: frutas (inteligencia) + hierbas de azotea (consciencia)
- Pieza destacada: Romper para Volver, en totuma
Conclusión
En Jóvenes Creadores, la cocina dejó de ser backstage para convertirse en pensamiento servible. Si la moda habla con telas y cortes, aquí el discurso fue acidez, aroma y textura. InteligenciaConsciencia no es tendencia: es metodología de futuro.















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