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CINE ROJO. Wild and Pacific

Por Jose Moreno Alvarez

La colección de Wild & Pacific estaba teñida de rojo. Rojo como una quemadura. Toda la pasarela se incendiaba con la belleza de un atardecer. Todo era tan rojo como la piel que lleva demasiadas horas expuesta al sol. La colección se llama Slowburn. Una expresión perfecta para describir algo que ocurre mucho antes de que aparezca el vestido de baño. Porque la historia del swimwear es, en realidad, la historia de la piel.

Y durante siglos esa piel bronceada significó una sola cosa: trabajo. Hasta que el siglo XX decidió invertir completamente la ecuación. De repente el bronceado empezó a significar ocio, vacaciones, bienestar. La piel empezó a contar cosas nuevas sobre nosotros.

Y cuando la piel empezó a contar historias, el vestido de baño dejó de servir exclusivamente para entrar al agua. Empezó a participar en algo más complejo: la construcción de una imagen.

Esa idea fue la que apareció una y otra vez cuando hablé con la mujer detrás de Wild & Pacific. Vivimos en una época donde las marcas parecen extensiones de una cuenta de Instagram. Miss Wild eligió otro camino. El casi anonimato mediático, pero ella está en todas partes: en la manera como la marca entiende la sensualidad, en la construcción de cada colección y en esa idea recurrente de una mujer que no necesita pedir permiso para ocupar un espacio.

Y es precisamente ahí donde Slowburn encuentra sentido. Porque el rojo, tostado e incendiario, no habla realmente del fuego. Habla de lo que el fuego deja.

Cuando le pregunté por la colección esperaba escuchar una explicación sobre tendencias o decisiones de diseño. En cambio apareció una constelación de referencias: The Idol, Gisele Bündchen, los compilados de Hed Kandi ilustrados por Jason Brooks, una muñeca animada en la que lleva años trabajando, o  incluso los colores de uñas acrílicas.

Nada parecía pertenecer al mismo universo. Sin embargo, mientras la escuchaba, daba la impresión de que las colecciones nacen menos de una idea que de una acumulación de emociones. De imágenes que se quedan ahí durante años hasta encontrar una forma de convertirse en color, textura o atmósfera.

Esas emociones reaparecieron cuando empezó a hablar de sus clientas. No describe una mujer ideal. Describe reacciones. Mujeres que se ponen un vestido de baño y parecen transformarse. Mujeres que encuentran una silueta y se enamoran de ella con una intensidad difícil de explicar.

Una intensidad curiosa para una marca que trabaja una y otra vez sobre un puñado de siluetas. Lo que cambia es todo lo demás: los materiales, los acabados, los colores, el casting, la atmósfera.

Slowburn parecía construida precisamente sobre esa lógica. No sobre la búsqueda desesperada de algo nuevo, sino sobre la capacidad de encontrar nuevas emociones dentro de un mismo lenguaje.

Minutos después de la pasarela vi una historia de Instagram. Decía que Wild & Pacific era el unicornio de la moda.

Entendí exactamente a qué se refería.

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