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Moda y arte: cuando dialogar no significa ser lo mismo

Recientemente volvemos a ver colaboraciones entre arte y moda, arquitectura y moda, musica y moda y el caso de la colaboración entre Punto Blanco y la artista colombiana Stefania Tejada vuelve a poner sobre la mesa una vieja pregunta: ¿la moda es arte? Quizás esa no sea la pregunta correcta. moda y arte pueden entenderse profundamente sin necesidad de convertirse el uno en el otro.

Cada cierto tiempo, la moda vuelve al museo y el arte entra al guardarropa. Un pintor interviene una colección, una casa de moda convierte una obra en estampado, un diseñador construye una pasarela como una instalación y la pregunta reaparece inevitablemente: ¿es la moda una forma de arte?

Tal vez llevamos décadas formulando mal la pregunta.

La moda no necesita al arte para legitimarse. Posee su propio lenguaje, sus propios códigos, una historia, una industria y, sobre todo, una relación particular con el cuerpo. El arte tampoco necesita convertirse en moda para circular fuera de galerías y museos.

Lo verdaderamente fértil ocurre en otro territorio: cuando ambos lenguajes se reconocen, se contaminan y se traducen.

Una pintura antes que una colección

El proyecto Altar comenzó nueve meses antes de su lanzamiento con una pregunta compartida alrededor del origen y de la manera en que habitamos el mundo.

De esa conversación nació primero una pintura de Stefania Tejada. La obra reúne elementos relacionados con su historia personal y con el territorio colombiano: figuras femeninas, orquídeas, anturios, palmeras, caballos y frutas aparecen dentro de un universo visual donde naturaleza, feminidad y memoria se cruzan.

Punto Blanco tomó elementos figurativos de esa obra y los desplazó hacia otro soporte: el vestido. La pintura funcionó como matriz visual y conceptual desde la cual construir una colección.

Traducir arte y moda

Una colaboración entre un artista y una marca funciona cuando existe traducción y no solamente reproducción. Una pintura tiene unas condiciones determinadas: composición, superficie, escala, materialidad. Una prenda tiene otras. Debe rodear un cuerpo, moverse con él, caer, abrirse, cerrarse y modificar su percepción dependiendo de quien la use.

En Altar, aquel imaginario pictórico termina habitando cuatro siluetas esenciales del armario femenino —camisa, pantalón, vestido y trench coat— además de pañoletas, prendedores, un collar y objetos de cerámica. La colección propone siluetas fluidas y traslada el universo simbólico de Tejada hacia piezas destinadas a acompañar el movimiento cotidiano.

El arte puede contemplarse. La moda necesariamente debe habitarse.

Existe cierta ansiedad cultural por declarar que la moda es arte, como si llamarla industria, diseño u oficio disminuyera su importancia. La moda pertenece simultáneamente al territorio creativo y al comercial. Responde a sistemas de producción, tallas, materiales, precios, temporadas, distribución y consumo. Incluso la pieza más conceptual debe negociar, tarde o temprano, con la posibilidad de ser vestida.

El arte contemporáneo, por su parte, opera bajo otras reglas —aunque también tenga mercado, instituciones y circuitos comerciales— y puede permitirse romper completamente con la utilidad.

Cuando una obra sale del museo

La colaboración entre Punto Blanco y Stefania Tejada plantea además otra cuestión: qué sucede cuando una imagen artística abandona los espacios tradicionales de exhibición y entra en la vida cotidiana.

Una orquídea pintada deja entonces de estar fija sobre una superficie para aparecer doblada en una pañoleta. Una composición puede fragmentarse sobre una camisa. Un símbolo cambia de escala cuando atraviesa un trench coat. En ese sentido, la obra pasa a otros escenarios para ser vista.

Stefania Tejada conoce bien esa frontera. Nacida en Tuluá y radicada en París, su trabajo explora la identidad colombiana, la naturaleza y la evolución de lo femenino. Su práctica ha salido anteriormente del circuito estrictamente artístico para dialogar con firmas y plataformas comerciales como Cartier, Carolina Herrera, Coca-Cola, Netflix, Agua by Agua Bendita y Dom Pérignon.

Altar continúa esa circulación.

¿Por qué moda y arte parecen entenderse tan bien?

Porque ambos trabajan con imágenes.

Porque construyen símbolos.

Porque interpretan su tiempo.

Porque pueden convertir una inquietud íntima en una experiencia colectiva.

Y porque tanto una obra como una prenda pueden hablar de identidad, deseo, memoria, género, territorio o poder sin necesidad de explicarlos literalmente.

Pero utilizan herramientas diferentes.

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