La Petite Mort extendió un paisaje. Montañas cubiertas por una neblina gris, un camino cercado, árboles apenas visibles: una geografía que parecía surgir de una memoria familiar más que de un territorio real. Entrar por las puertas de la colección fue cruzar una puerta hacia adentro, hacia las casas colombianas donde la ropa acompañaba los grandes rituales de la vida.
Al ver la colección, presentada en el Jardín Botánico de la ciudad de Medellín, llegó a mi mente la poesía de José Asunción Silva y tarareé la frase emblemática del poema Nocturno III: ¡Y eran una sola sombra larga! Luego, en mi investigación para este artículo, me encontré con los bocetos Dibujos del hogar de Francisco Antonio Cano y fue entonces cuando uní la línea editorial de esta reseña.

Con el recuerdo vago de las cosas
Infancia, José Asunción Silva.
que embellecen el tiempo y la distancia,
retornan a las almas cariñosas,
cual bandada de blancas mariposas,
los plácidos recuerdos de la infancia
En Dibujos del hogar, Francisco Antonio Cano utilizó el boceto para conservar nacimientos, juegos, regalos y pequeñas escenas de sus hijos. La Petite Mort parece operar esa idea de convertir la memoria doméstica en líneas, superficies y objetos que el cuerpo puede llevar.
La Petite Mort lleva la casa colombiana al cuerpo; es decir, convierte la sastrería en arquitectura, los oficios artesanales en detalles de lujo excepcionales y el acto de vestirse en una forma de memoria.
La colección: Puerta adentro
La Petite Mort recrea desde la sastrería de exactitud vanguardista los rituales colombianos de un nuevo vestir solemne, ceremonioso, festivo e íntimo.
Las chaquetas construyen habitaciones alrededor del cuerpo: hombros como dinteles, solapas como puertas, costuras como planos, bolsillos como pequeños espacios de reserva. Las líneas bordadas sobre la chaqueta recuerdan los marcos de puertas, ventanas o paneles de una casa antigua. La prenda parece llevar dibujada su propia fachada.



















Los pantalones rompen la rigidez de las chaquetas y camisas, encargadas de conservar la solemnidad del traje. Los chales de macramé de seda elaborados por artesanos de Cundinamarca introducen una memoria distinta a la del traje: la de las manos que anudan, repiten y construyen lentamente una superficie. Frente a la línea exacta de la sastrería, el macramé aporta trama, transparencia y tiempo.
Los corsés de mimbre llevan al cuerpo un material asociado con canastos, muebles, lámparas y objetos domésticos. El mimbre deja de contener utensilios y empieza a contener el torso. Es quizá una de las operaciones más interesantes de la colección: convertir la artesanía del hogar en arquitectura corporal.
Los sombreros y bolsos con apariencia de pequeñas casas completan la imagen. Son miniaturas habitables. La casa se lleva en la mano.
Así, lo rural no aparece como estampa costumbrista, sino depurado dentro de un vocabulario contemporáneo.

Caminabas,
Nocturno III. José Asunción Silva
Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca.
Y tu sombra
Fina y lánguida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectadas
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban
Y eran una
Y eran una
Y eran una sola sombra larga!
Y eran una sola sombra larga!
Y eran una sola sombra larga!
La Petite Mort abre las puertas simbólicas hacia las grandes casas de campo de Cundinamarca y Antioquia, hacia sus corredores, habitaciones, potreros cercados y retratos familiares. Allí encuentra una manera de vestir basada en el rigor, la ceremonia y la permanencia.





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