Por Caty Villota. Fotografía Sofía Silva.
Richard Wagner llamó Gesamtkunstwerk a esas creaciones donde todos los elementos (música, arquitectura y dramaturgia) están meticulosamente diseñado para formar parte de un todo grandioso y unificado. Eso fue lo que presenciamos en la noche del 27 de julio de 2026 en Colombiamoda de la mano de Manuela Álvarez, Camilo Rojas y 3cero2. La obra de arte total de Manuela Álvarez es tan compacta que es capaz de condensarse en un mantra «Que la vida me atraviese». Una metáfora para decir: me perforé, me rasgué, me derribé y estoy viva.




A través del vestuario la diseñadora de moda del Instituto Marangoni de Milán crea un segundo cuerpo emocional, «una piel encima de otro piel», «…una casa para enfrentar lo que enfrentamos«, como lo dice la canción de Oh my heart de R.E.M que le dio nombre a su más reciente colección.
«Recoge los pedazos, déjate llevar»: el vestuario.
Entré al backstage para conversar con Manuela cuando la escucho decir con el ceño encogido: ¿Por qué hay tanta gente? Mientras esquivaba maquilladores y fotógrafos su cabeza se giró hacia mí y le contesté: para conversar contigo… Sus ojos se abrieron, espontáneos y alegres para replicar que yo no debería estar allí viendo tras bambalinas. Que ella quería sorprenderme en escena, y entonces le di la espalda a los racks y encendí mi grabadora.
Las brumas de las lacas, las manos teñidas de rojo, las trenzas apretadas y las voces que anunciaban que era hora de enfilar y alistar las guerreras de MAZ fueron el trasfondo de su voz contándome que ella no se siente identificada con la industria de la moda típica, que ella entiende el vestuario y sus escenarios más como arte:
«He entendido cómo la ropa es un gran arte porque es una manera de comunicarse desde lo cotidiano y desde lo más personal hacia afuera».




Y mientras me contaba que los deshilados, las trenzas, los nudos, el cuero, el fieltro y el kumare en negro, rojo, azul y blanco construían un lenguaje íntimo sobre la culpa, el resentimiento, la identidad y la transformación. Y que todo nació de un duelo amoroso, que al final se quedó en la punta de un dedo, yo pensaba en la carta del tarot: la Torre, y en el poema de Alejandro Jodorowsky, sobre su simbolismo: ¡Que se desplomen las fachadas, que la densidad se agite convertida en hembra, que la diadema se abra como la tapa de un féretro, que en los harapos del tirano nazca un gusano rojo, que un río de zorzales atraviese el yo dormido, que del calabozo sellado surja el alarido que origina un nuevo cosmos(…)
«Los duelos tienen la sensación de abrir puertas… cuando hay un dolor, tú te das cuenta de que hay dolores más fuertes».
Para mí, la colección Oh my heart es eso, un desamor que desploma el cuerpo (la torre), la densidad del dolor es tan femenina como un cáliz que se desborda indomable, la cabeza se abre en dos y la piel se hace trapo, y el despertar es un alarido que crea un nuevo universo. Uno que palpita en cuero negro y repujado, con apariencia de coraza, casi animal, para decir lo violento que es la culpa, el reproche y el resentimiento. En rojo deshilado de estructuras abiertas, tejidos que evocan desgarros y una técnica de tejido artesanal que llama «balazos» para significar la herida abierta y el dolor. Ese mismo universo que constela en trenzas y anudados azules de lana virgen, seda, algodón y fieltro liviano, transparente y aireado como connotación del tránsito hacia el respiro, hacia el oxígeno de la aceptación. Y pasa al estado sublime de reír, gozar, reconectar, a esa sensación de interconexión con la tierra y la divinidad.
«Este lugar es el latido de mi corazón». Puesta en escena
En el coliseo de voleibol Yesid Santos, de la ciudad de Medellín, la obra de arte total de MAZ tuvo una pasarela circular porque como sabemos el duelo no se transita en línea recta como un desfile tradicional. Esta obra no tiene principio ni fin y como Manuela nos lo confesó hay que volver al dolor, rodearlo, para descubrir que el lugar al que se vuelve ya no es el mismo, que la vida es un ciclo continuo de muerte y resurrección y que atravesar el dolor permite regresar a uno mismo desde otro lugar.
La hicimos circular para que todo el mundo viera, todo el tiempo, lo que estaba pasando. dice Felipe Espinosa, productor de 3cero2
La puesta en escena de Oh my heart estaba narrada en capítulos que debían terminar completamente para seguir con el otro. Cada uno con un color, una emoción, un ritmo, una actitud corporal, una coreografía, lo que permitió que los asistentes pudiéramos migrar emocionalmente de un estado a otro.




«Es dulce, es triste y es verdad»: Maquillaje y peinado
Y como toda buena historia los rostros de los personajes se cargan de belleza para darle expresión al duelo. Los velos en los ojos en el momento del negro violento, no es nada más que la ceguera con la que te miras y no tomas perspectiva cuando el mundo se te cae a pedazos por desamor. Las caras escritas a mano atestiguan los pensamientos que flagelan, mientras las manos y los pies desnudos teñidos de rojo son el gesto sangrante de dejarte ir, fluir. Por su parte, las trenzas apretadas y gruesas no solo entrelazan, también se deshacen cuando no hay nada más que «Escucha la respuesta y llamado, escucha esta canción, reorganizada».
«Los niños tienen una nueva visión, una nueva visión de la fe». La musicalización
Todo el contenido emocional está ya en la ropa, la música lo que hace es amplificarlo, lo acompaña. Nos relata Camilo Rojas, director y compositor.
Camilo Rojas comenzó por el final, con la canción de R.E.M Oh my heart (los encabezados de este texto son frases textuales de la canción) y a partir de allí y de los referentes musicales que escucha Manuela Álvarez a la hora de crear, su amigo íntimo compuso una pieza sonora que tenía como reto hilar con cuerdas, voces, percusión, ese doloroso transitar hacia la divinidad, hacia esa niña que canta junto a la Manuela adulta «Escucha los árboles, los fantasmas y los edificios, canta. Con la sabiduría para reconciliar esto. Es dulce, es triste y es verdad. Cómo no te parece amargo. Ay mi corazón».
Las voces infantiles son un símbolo de inocencia… «esas niñas son la niña interior de Manuela intentado salir a la superficie». confiesa Camilo Rojas.
(Oh, mi corazón, Oh, mi corazón, Oh, mi corazón)
Al terminar el desfile mis manos no paraban de aplaudir, grité Manuela, fuerte y claro para que supiera que me sorprendió, que me emocionó y que ver su obra de arte total me atravesó la vida.






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