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Saraxy: la textilera que decidió competir creando telas que nadie más puede fabricar

Mientras buena parte de la industria textil libra una batalla por reducir costos y aumentar volúmenes de producción, una empresa de Medellín tomó hace 17 años una decisión que parecía ir en contravía del mercado, dejar de competir por cantidad para hacerlo por innovación. Esa apuesta convirtió a Saraxy en la empresa más innovadora de Colombia, reconocimiento otorgado por Inexmoda en 2024, y hoy la posiciona como un referente de cómo la diferenciación puede abrir puertas incluso en mercados internacionales.

La historia comenzó como una evolución natural de Produtex, la empresa fundada por el padre de Marcelo y su hermano. Sin embargo, desde el nacimiento de Saraxy hubo una premisa clara, la cual es desarrollar textiles que el mercado simplemente no pudiera encontrar en otra parte.

«Innovar o morir«, resume Marcelo al explicar la filosofía que ha guiado cada decisión de la compañía.

Más que fabricar tela, es crear productos irrepetibles en la industria.

Para Saraxy, la innovación nunca ha significado producir más metros por hora. Todo lo contrario.

La empresa invirtió desde sus inicios en maquinaria especializada capaz de fabricar tejidos mucho más finos, limpios y sofisticados que los convencionales, aunque eso implicara sacrificar velocidad de producción.

«La diferencia está en el tipo de máquinas que manejamos. Buscamos máquinas que hagan tejidos mucho más finos y pulidos. No son las que producen más metros, pero sí producen telas de mucha más calidad», explica Marcelo.

Ese enfoque también implicó un reto comercial. Convencer a los clientes de que realmente existía una diferencia no fue inmediato. Durante los primeros años, la respuesta era casi siempre la misma: «eso es lo que todos me dicen».

La transformación llegó cuando los clientes comenzaron a desarrollar productos junto a la empresa.

Más que proveedores, Saraxy decidió convertirse en un aliado creativo de las marcas, participando desde el desarrollo del textil hasta la construcción del producto final. El objetivo dejó de ser vender una tela para pasar a co-crear prendas exitosas que hicieran regresar al cliente con nuevas ideas.

La sostenibilidad llegó antes de que estuviera de moda

Mucho antes de que la sostenibilidad se convirtiera en una estrategia de marketing para muchas empresas, Saraxy ya había tomado decisiones que hoy marcan la conversación de la industria.

Entre 2015 y 2016 nació Echo, un sello dedicado al desarrollo de materiales reciclados y procesos de bajo impacto ambiental. En ese momento, recuerda Marcelo, el mercado todavía no entendía el valor de ese tipo de desarrollos.

Lejos de abandonar la idea, la compañía decidió convertir la sostenibilidad en una política propia, independientemente de que el cliente la valorara o no.

Posteriormente nació Arctic Emotion, empresa hermana especializada en estampación, laminación y acabados, creada para extender ese valor agregado en cada desarrollo textil.

«La tela es el lienzo del artista; Arctic Emotion es el artista», nos cuenta Marcelo.

Hoy ambas iniciativas forman parte de una estrategia integral donde la innovación tecnológica y el diseño trabajan de la mano.

Entre los desarrollos más destacados se encuentran textiles elaborados con hilados de color natural que permiten ahorrar entre 30 y 40 litros de agua por metro producido, materiales provenientes del reciclaje de textiles usados, procesos de estampación completamente libres de agua, tejidos de alto rendimiento capaces de regular mejor la temperatura corporal y tecnologías que permiten intervenir telas en procesos bidimensionales y tridimensionales.

El resultado son textiles que unen múltiples procesos sobre una misma superficie y que, según la empresa, difícilmente pueden replicarse en otros mercados.

Innovar como una forma de existir

En un momento en que parte del sector habla de resistir frente a las importaciones y la competencia internacional, nos dice Marcelo que Saraxy evita esa narrativa.

«Cuando algo es una pasión ya no se siente como resistir

Para él, la innovación no es una respuesta a las crisis, sino una manera permanente de construir empresa.

Viajar constantemente por Brasil, Europa y Estados Unidos para estudiar tendencias, experimentar con nuevos materiales, equivocarse y volver a intentar hace parte del proceso cotidiano de Saraxy.

Muchas de las telas que desarrollan nunca llegan al mercado, pero incluso esos intentos terminan generando aprendizajes que alimentan futuros proyectos.

Esa cultura de ensayo permanente fue precisamente la que llevó a la empresa a recibir el reconocimiento de Inexmoda como la empresa más innovadora de Colombia en 2024, un premio que Marcelo asegura nunca esperó recibir.

«Que nos reconocieran precisamente por innovación fue el mayor logro.»

El futuro se teje desde la innovación

Mientras buena parte de la conversación sobre la industria textil gira alrededor de costos, importaciones y productividad, Saraxy plantea una discusión distinta y es que el verdadero diferencial no está en fabricar más tela, sino en desarrollar aquella que nadie más puede ofrecer.

Su apuesta demuestra que la innovación, la sostenibilidad y el diseño pueden convertirse en una ventaja competitiva capaz de abrir mercados internacionales sin entrar en la guerra de los precios.

El sueño de Marcelo tampoco está ligado al tamaño de la compañía, 

«No quiero que seamos la empresa que más metros produce. Quiero que seamos reconocidos como una de las empresas más innovadoras del mundo.»

En un momento en que la industria colombiana busca nuevas formas de competir, esa visión plantea una pregunta que trasciende a una sola empresa. Quizá el futuro del textil nacional no dependa de producir más, sino de crear aquello que el mundo todavía no sabe que necesita.

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