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Leonor Hoyos: la mujer que conecta los hilos invisibles de Colombiamoda

Detrás de cada pasarela, cada alianza y cada experiencia de marca existe una arquitectura que el público casi nunca alcanza a ver. Leonor Hoyos, directora de Plataformas de Conexión de Inexmoda, habla sobre la serenidad en medio del caos, la curiosidad como herramienta de liderazgo y el componente profundamente humano que sostiene a Colombiamoda.

Por Catherine Villota

Cuando se encienden las luces de una pasarela, todo parece estar exactamente en el lugar que le corresponde. La música comienza en el segundo preciso, las modelos avanzan, las prendas cuentan una historia y el público levanta sus teléfonos para capturar un instante que quizá llevaba un año entero construyéndose.

Desde afuera, Colombiamoda parece suceder durante unos cuantos días.

Para Leonor Hoyos, directora de Plataformas de Conexión de Inexmoda, la feria nunca comienza del todo y tampoco termina. Es un ciclo continuo: cuando una edición cierra sus puertas, la siguiente ya empieza a dibujarse mediante evaluaciones, conversaciones, aprendizajes y preguntas.

¿Qué funcionó? ¿Qué se puede mejorar? ¿Qué está ocurriendo en el mercado? ¿La propuesta imaginada por el equipo responde realmente a las necesidades de los empresarios? ¿Qué conversación necesita abrir la industria?

Antes de la luz existe la duda.

Y antes de la pasarela, una enorme maquinaria de personas, decisiones y relaciones que Leonor ha aprendido a coordinar durante 17 años.

“La gente a veces, cuando uno dice que hace Colombiatex o Colombiamoda, pregunta: ‘¿Y qué hacen el resto del año?’”, cuenta. Persiste la idea de que una feria solamente existe durante los días en los que recibe público. La realidad es muy distinta.

“Nosotros cerramos una feria y estamos evaluando esa para tirar la ruta de la siguiente: qué funcionó, qué se puede mejorar, qué está pasando en el mercado”.

Las plataformas de Inexmoda se construyen durante meses de investigación, escucha, diseño estratégico y negociación. No se trata simplemente de organizar un evento. Tampoco de llenar un recinto con estands o de construir una parrilla de desfiles atractivos.

“Nosotros no somos organizadores feriales. Nosotros tenemos una plataforma que buscamos que le funcione a la industria de la moda, desde su estrategia y desde las exigencias que está cogiendo el mercado”.

La diferencia parece semántica, pero define una manera de trabajar. Una feria puede limitarse a disponer espacios. Una plataforma, en cambio, debe interpretar un ecosistema, conectar a sus actores y responder a los cambios del mercado.

Una feria que escucha

La construcción de Colombiamoda implica conversar con compañías consolidadas, diseñadores, emprendedores, universidades, maquilladores, peluqueros, productores, compradores, medios de comunicación, instituciones y marcas pertenecientes a industrias que, en apariencia, no guardan relación directa con la moda.

“Colombiamoda abraza el sistema moda de manera integral: habla con los empresarios, pero habla con los emprendedores, con la academia, con los diseñadores; también habla con maquilladores y peluqueros”, explica Leonor.

Todos llegan con necesidades distintas. Para algunos, la feria representa el momento de mayor visibilidad de su año. Para otros, puede ser la oportunidad de encontrarse con un comprador, presentar una nueva narrativa o hacer visible un proceso que todavía está buscando legitimidad.

Leonor entiende que, durante esos días, ella también forma parte del equipo de cada uno.

Una directora de maquillaje puede llamarla preocupada porque una marca tendrá setenta modelos y no sabe cómo conseguirá prepararlas a tiempo. Un diseñador puede necesitar un escenario capaz de traducir la complejidad de su colección. Una compañía puede querer acercarse al universo de la moda sin saber todavía cuál es el lenguaje adecuado para hacerlo.

“Yo tengo que entender que soy parte del equipo de cada una de las empresas y actores que están en la feria y que, para ellos, esto es, en muchos casos, su mayor momento de marca del año”.

En cada conversación aparece una pequeña crisis, un ajuste o una pregunta.

Las semanas anteriores a la feria exigen largas jornadas y una disposición casi absoluta. También obligan a aceptar que el equilibrio perfecto entre la vida profesional y la personal es, muchas veces, una ficción bien presentada.

“Estas semanas previas están recargadas de trabajo, de terminar de preparar, de la expectativa desde la emoción y desde lo que esto exige. También tienes que soltar otros aspectos de tu vida porque aquí tienes que darlo todo”.

Hay temporadas en las que un aspecto de la vida debe ceder momentáneamente para que otro motor pueda funcionar.

“El perfecto balance nunca se logra, porque según tus picos tendrás momentos en que tendrás que soltar uno para que ese otro motor funcione”.

Antes de ser madre, Leonor tenía un ritual después de cerrar la feria: el viernes al mediodía se iba sola a una playa o a una finca.

Necesitaba volver a la tierra.

“Estamos en una industria muy bonita, pero una industria que, desde todas las luces, esa estética y ese relacionamiento, elevan mucho. Uno siempre tiene que volver a la tierra”.

Después de tantos días de luces, estética, conversaciones, presión y estímulos, buscaba silencio. Hoy ese regreso tiene otra forma.

“Sigue siendo mi momento de volver a la tierra, pero diferente: jugando con legos y muñecas y montando en bicicleta”.

La tierra es la vida cotidiana, recordándole que el mundo continúa más allá de la caja negra de una pasarela.

El privilegio y la responsabilidad

Leonor habla de su trabajo como una responsabilidad, pero también como un privilegio.

“Finalmente estás trabajando por una industria, estás trabajando por un sector. No es particularmente por los intereses de una compañía, sino de todo un país, de toda una ciudad que vibra alrededor de esto”.

Sabe que cada decisión puede repercutir en una industria, en una ciudad y en la imagen que Colombia proyecta hacia el mundo.

También sabe que una feria tiene una condición implacable: no permite volver atrás.

“Las ferias son un producto perecedero. Fue lo que fue, tuvo esa fecha y ya no hubo cómo arreglarlo”.

A pesar de sus años de experiencia, todavía se emociona cuando se abren las puertas o cuando las luces de una pasarela se apagan.

“Yo todavía, 17 años después, cuando apagan las luces de la pasarela o cuando abren las puertas de la feria el martes en la mañana, me asombro, me emociono, me impresiona lo que somos capaces de hacer”.

La conmueve comprobar lo que un grupo de personas puede construir cuando logra engranar sus saberes. Y la emociona descubrir que, fuera del país, Colombiamoda no necesita demasiadas explicaciones.

“Uno sale y dice: ‘Somos de Colombia, hacemos una feria que se llama Colombiamoda’, y responden: ‘Claro, los conocemos, hemos escuchado mucho de ustedes’. Entonces uno dice: ‘Wow’. Es bonito y es valioso”.

Ese prestigio no pertenece exclusivamente a sus organizadores. Es el resultado de un ecosistema que incluye industria, diseño, comercio, academia, talento creativo y experiencias de marca.

La moda colombiana llama la atención, no solo por lo que produce, sino por la manera en que lo presenta, lo conecta y lo transforma en experiencia.

Un Tinder de valores

Una de las responsabilidades más delicadas de Leonor consiste en propiciar conexiones entre marcas, diseñadores y escenarios.

Ella lo define con humor como una especie de “Tinder de valores organizacionales”.

El propósito no es juntar dos nombres famosos y esperar que la visibilidad haga el resto. La conexión debe tener sentido. Para lograrla, Leonor escucha antes de proponer.

“Yo no llego a decirle a una marca: ‘Te tengo esto para ti’. Yo llego a escuchar”.

Cuando conversa con una compañía automotriz, por ejemplo, no comienza prometiendo una cifra inmediata de ventas. Intenta comprender qué historia desea contar la empresa, cuáles son sus valores, hacia dónde quiere moverse y de qué manera la moda puede ofrecerle un territorio distinto al de un concesionario.

“Colombiamoda le permite contar una historia que no va a contar en un concesionario”.

“Hoy queremos conectarnos con las marcas de una forma distinta, con las marcas que tienen historia, con las marcas que tienen algo que ofrecerte más allá de un producto”.

Luego aparece el segundo componente: encontrar al creador, la experiencia o el escenario capaz de traducir esa conversación. La afinidad debe existir entre los equipos humanos que harán posible la alianza.

Leonor observa la reacción de las personas.

“Me fijo mucho en que uno vaya a trabajar y vea un equipo que se emociona con lo que le estamos contando, que encuentra afinidad con ese actor de moda y que estemos mirando para el mismo lado”.

Algunas marcas llegan a Inexmoda con una alianza adelantada. Otras son descubiertas mediante un trabajo permanente de observación.

“Hay muchos a los que les montamos la cacería, porque vemos que están haciendo cosas chéveres y que podemos conectarnos con ellos”.

Pero esa búsqueda no depende exclusivamente del gusto personal de Leonor. Inexmoda cuenta con comités y equipos de conocimiento y transformación que investigan lo que ocurre en distintas regiones del país, estudian el mercado y detectan nuevas dinámicas.

“La mirada de una única persona sería muy limitada”, reconoce.

Leonor complementa ese radar leyendo medios especializados, siguiendo boletines y manteniéndose atenta a las conversaciones internacionales.

“Me pongo a leer, busco revistas especializadas, estoy suscrita a todos los boletines que te imaginas. Ahí voy viendo qué está pasando y cómo podemos estar en línea con esas conversaciones”.

La curiosidad es una herramienta profesional.

Cada marca que llega a escena debe representar algo más que una camisa bonita. Debe dialogar con una realidad, plantear una reflexión o ayudar a levantar la bandera de un mensaje.

“Cada vez que llevas una marca o una propuesta a escena, estás planteando una reflexión”.

Primero nace el concepto

En Colombiamoda, el concepto aparece antes que los nombres.

Cuando se le pregunta qué nace primero, si el concepto o la persona elegida para representarlo, Leonor no duda:

“El concepto. Siempre el concepto”.

El equipo comienza a construir la idea de la siguiente edición mientras todavía está evaluando la anterior. Para ello convoca a expertos externos: antropólogos, arquitectos, diseñadores, investigadores y especialistas en color provenientes de distintas industrias.

“Traemos esas macrotendencias y las editamos a la realidad regional, del país y de la situación de nuestra industria”.

De esa conversación surge el concepto que funcionará como una gran sombrilla narrativa. Después se buscan las personas, marcas y experiencias capaces de encarnarlo.

La narrativa marca el rumbo.

Esta metodología permite entender por qué las pasarelas inaugurales y de cierre tienen un peso simbólico. Son declaraciones editoriales.

“Cuando escogemos a un personaje para estar en la pasarela inaugural o en la de cierre es porque estamos levantando la bandera de un mensaje”.

La ciudad como escenario

Colombiamoda ya no cabe únicamente dentro de Plaza Mayor. Su agenda se ha expandido y diferentes marcas buscan museos, edificios patrimoniales, espacios comerciales y lugares inesperados de Medellín para presentar sus propuestas.

Pertenecer a la programación oficial ofrece algo más que visibilidad.

“Nosotros somos muy comprometidos con el resultado y hacemos grandes esfuerzos. Traemos prensa nacional, prensa internacional y compradores”.

Inexmoda conecta cada proyecto con una red de medios, compradores, instituciones y aliados de la ciudad. También aporta una capacidad logística que suele permanecer invisible, pero puede determinar el éxito de una experiencia.

“Acompañamos cada uno de los proyectos que están bajo nuestra sombrilla”.

Una llamada previa, un acompañamiento institucional o la presencia de un equipo experimentado puede hacer que un proyecto complejo encuentre el camino para realizarse.

El sello de Colombiamoda también amplifica los mensajes. No porque todo lo que ocurre durante esa semana dependa directamente de la feria, sino porque su existencia activa una red de nodos alrededor de la ciudad.

En esa red, la moda deja de ser únicamente estética.

“No solo hablas de moda desde la estética. Hablas de moda como negocio, de moda como sostenibilidad, de moda como desarrollo social, de moda como generación de empleo”.

Una sola palabra se abre en múltiples capas.

Los ejercicios de visibilidad y posicionamiento deben, finalmente, contribuir también a la sostenibilidad de las empresas.

“Todos estamos respondiendo por un negocio y creo que esto tiene que derivar en mover la marca y traducirse en negocios, porque es lo que le da sostenibilidad a que sigamos haciendo estos ejercicios”.

Lo que ningún algoritmo debería reemplazar

Al imaginar la feria del futuro, Leonor no sueña con eliminar su dimensión física. Utilizaría la tecnología para resolver obstáculos logísticos, optimizar procesos y mejorar la experiencia, pero protegería aquello que sucede cuando las personas comparten un espacio.

“Uno no ve una pasarela, uno la siente. Uno no ve una feria, uno la vive”.

Durante la pandemia, los encuentros presenciales demostraron su fragilidad, pero también su necesidad.

“Las ferias sobrevivimos en la pandemia porque tenemos esa necesidad de vivirlo, de conectarnos y de tener cara a cara ese relacionamiento”.

Una transmisión puede mostrar una colección. No puede reproducir completamente la vibración de la música en el cuerpo, el instante en que se apagan las luces ni la tensión colectiva antes de que aparezca el primer look.

“Yo lo puedo ver en una pantalla, pero si estoy ahí, se apaga la luz y siento la vibración de la música en toda esa caja negra, eso es otra cosa”.

Tampoco un algoritmo debería decidir por sí solo quién desfila, qué música acompaña una colección o qué marca se conecta con cuál diseñador.

“Esto tiene mucho componente humano. Y, finalmente, es creación”.

Los datos pueden informar. La tecnología puede acompañar. Pero la creación necesita sensibilidad, intuición y contexto.

“No se trata de darle la espalda a la tecnología, sino de saber cómo nivelar esas fuerzas”.

“Yo creo que somos más que curadores: somos facilitadores”.

Su trabajo consiste en entender a cada actor y preguntarse cómo puede contribuir a su visibilidad, viabilidad y sostenibilidad.

Detrás de esa labor existe algo difícil de automatizar: la capacidad de escuchar.

Liderar sin poner nerviosa a la gente

Leonor estudió comunicación, pero nunca imaginó que terminaría trabajando en el mundo de la moda.

“Jamás pensé que iba a trabajar en esto, y menos en el mundo de la moda. Jamás”.

Desde sus prácticas profesionales comenzó a participar en eventos y la vida fue abriéndole un camino para el que no existe una carrera exacta.

“La vida te va poniendo cosas. Desde que hice la práctica trabajé en eventos y empecé a entender cómo se mueve este mundo”.

Aprendió haciendo.

Con los años descubrió que una característica que podía parecer demasiado simple para un entorno lleno de códigos y apariencias se convirtió en una fortaleza: ser genuina.

“Ser genuina en un escenario que está hecho de muchas fachadas, tal vez”.

No provenir del mundo del arte ni de la moda le permitió formular preguntas distintas y aportar opiniones menos cargadas de pretensión.

“Muchas veces uno dice: ‘Tal vez lo que voy a decir es una tontería’, pero esas opiniones ligeras, sin tanta densidad, llegan a suavizar y a hacer fluir ciertas cosas”.

También aprendió a trabajar desde la serenidad.

“Tengo una clienta que dice que yo soy operadita de los nervios”, cuenta.

No porque nunca sienta temor o presión, sino porque intenta atender los problemas sin transmitir pánico al equipo.

“Uno puede estar estallando por dentro, pero siempre hay que atender todo con serenidad”.

Leonor recuerda una experiencia especialmente difícil con una persona cuyo estilo de liderazgo llevaba a los demás al límite emocional. Todo parecía salir mal alrededor de ella.

Su conclusión fue clara:

“Las cosas no fluyen porque pones nerviosa a la gente. Desde tu nivel no estás guiando: estás exigiendo y estás llevando emocionalmente a las personas al límite”.

En un evento, donde existen decenas de variables y muchas situaciones no pueden controlarse, un líder que contagia ansiedad multiplica las posibilidades de error.

Por eso Leonor considera indispensable construir equipos de confianza.

“Hay que tener el equipo en el que más se confíe, saber que quien está haciendo cada cosa es experto en su frente; confiar, guiar, pero confiar y dejar fluir”.

“Hay cosas que uno no puede controlar. Llovió, llovió. Se cayó una tela, se cayó la tela”.

Hay momentos para intervenir y momentos para soltar.

“Todo pasa. Todo pasa y todo hay que dejarlo fluir”.

No como una frase ingenua, sino como una forma de conservar perspectiva cuando la presión amenaza con ocuparlo todo.

La humildad del aprendiz

¿Qué le diría Leonor a una mujer joven que sueña con ocupar algún día un lugar semejante al suyo?

Su respuesta contiene la síntesis de las capacidades que la han acompañado a lo largo de su carrera:

“Le diría que crea primero en ella; segundo, que sea siempre curiosa, que no pierda la curiosidad, que siempre quiera ir más allá; y que tenga la humildad de un aprendiz, porque siempre estamos aprendiendo”.

Su liderazgo nace de observar, preguntar, conectar saberes y reconocer que una mirada individual siempre será limitada. Quizá por eso su definición del lujo contemporáneo se aleja de la ostentación.

“Ya no tenemos que disfrazar lo que somos. Ser auténticos es parte de esa belleza y de ese lujo”.

Lo explica recordando una canción de Puerto Candelaria que escucha con sus hijas. Una canción sobre los bichos raros, sobre ser diferente y estar bien con esa diferencia:

“Soy un poco diferente, pero demasiado bien”.

Y después llega una frase que parece resumir no solo su manera de pensar, sino también la esencia de una plataforma que reúne expresiones distintas:

“Si yo fuera como tú, nada sería divertido. Si yo fuera como tú, qué desperdicio creativo”.

La frase parece contener también una definición de Colombiamoda. Una plataforma que solo puede existir porque reúne miradas, oficios, regiones, escalas empresariales y sensibilidades distintas.

Leonor Hoyos trabaja en el espacio invisible que existe entre una idea y la persona que puede hacerla realidad. Su trabajo no está bajo la luz de la pasarela. Está en la conversación previa, en la alianza improbable, en la llamada que destraba una puerta, en la serenidad que evita que un equipo se quiebre y en la curiosidad que permite descubrir lo que todavía no ocupa el centro de la escena.

Colombiamoda se construye con escenarios, prendas, música y negocios. Pero, antes que todo eso, se construye con conexiones.

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