E
l Canto del brasero, en la voz inmortal de Pedro Infante, cerró la pasarela de Julia y Renata. Aquella melodía de 1955 revive la nostalgia de un inmigrante mexicano que, al llegar a Estados Unidos, siente en carne propia “la falta de estimación”, aquello que él mismo llama “quisque es descremenación”.